lunes, 16 de junio de 2014

Camino de Santiago (Segunda parte)


Como me sucede con las grandes aventuras y proyectos, el caminar más de 800 kilómetros en menos de tres semanas parece sin duda un reto inmenso, difícil de asimilar. Pero si comienzo a dividirlo en objetivos cada vez más pequeños, se convierte en algo realizable. 800km en 20 días se transforman en 40km por día. Incluso eso es casi un maratón diario, cargando una mochila. Pero al dividirlo en 20km por la mañana y 20km por la tarde, caminando 5 horas en cada etapa, tendría que caminar a un paso relativamente cómodo de tan solo 4 kilómetros por hora promedio. De esa manera lo visualizaba. En total acabé dando 1,178,670 pasos y caminando 813.7km (los registré con un acelerómetro que llevaba en la muñeca). Todo inició con el primer paso que di al dejar el albergue en St. Jean Pied de Port.

Primer amanecer

Mi primer objetivo era salir de St. Jean y cruzar los Pirineos. No tardé en dejar atrás el pequeño pueblo medieval y comenzar a caminar por una estrecha carretera en el campo, a lo largo de laderas de montañas completamente tapizadas de verde.
Subiendo por los Pirineos
Mientras ascendía por el inclinado camino en la cordillera, quedaban atrás los valles de Francia y se veían enfrente enormes montañas, algunas coronadas con impresionantes rocas pero principalmente con cimas modestas cubiertas de pasto. Pasaron las horas mientras andaba y me encontré algunos otros peregrinos caminando por el sinuoso trayecto. También noté que habían varios ciclistas esforzándose por ascender y en las subidas íbamos al mismo ritmo, pero en las bajadas me dejaban atrás en pocos segundos. Cada vez que llegaba a un crucero en el que el camino se dividía o no quedaba completamente claro por dónde seguir, habían marcas pintadas sobre las piedras o mojoneras con el dibujo de la vieira (concha) marcando el camino. Normalmente con un fondo azul, la vieira pintada en amarillo se convirtió durante mi andar en un símbolo de continuidad y de certeza de ir por la ruta correcta. Llegué al punto más alto de nuestro cruce por los Pirineos poco antes del medio día y me senté unos minutos a observar el majestuoso paisaje. El cielo estaba completamente azul y la temperatura era agradable. Se me hacía difícil imaginarme en ese momento las tormentas y el mal clima del que tanto había leído y que eran de esperarse ese lugar. Muchos peregrinos habían muerto en esa zona a causa de las tempestades. Posteriormente crucé la Frontera entre Francia y España marcada por una enorme piedra tallada e inicié el descenso a Roncesvalles, en la provincia de Navarra. Es famoso el monasterio y albergue de peregrinos de esta localidad ya que desde ahí inicia el mayor número de peregrinos que siguen la Ruta Francesa del Camino de Santiago. Tras una comida ligera, reanudé la marcha por un sendero junto al río, con muchas menos subidas, pero ahora completamente solo. A eso me acostumbraría en los siguientes días: caminar con mucha gente durante la mañana y prácticamente solo por la tarde debido a que los peregrinos suelen andar hasta la comida y por la tarde visitar los pueblos, lavar ropa, ir a misa y simplemente descansar y recuperarse. Mi momento del día preferido fueron las tardes, cuando tenía el Camino de Santiago para mi solo. Ese primer día caminé hasta Zubiri a donde llegué a las 7pm. Terminé la jornada ligeramente cansado pero sintiendo el principio de unas ampollas en mi pie izquierdo. En general bien para haber sido mi primer día y recorrido 47km. Pasé la noche en el Albergue Avellano donde me pusieron el sello en mi credencial de peregrino.

Llegando a la parte más alta de los Pirineos

Roncesvalles
En invierno el camino está cubierto de nieve y estas marcas señalan la ruta

Pamplona vaciá
Cada mañana despertaba a las 6:30am, antes de la salida del sol. O más bien me despertaban los otros peregrinos que comenzaban ruidosamente a prepararse para comenzar la caminata del día. Guardaba mi saco de dormir, empacaba la mochila y salía del albergue con las primeras luces del día. En los pueblos o albergues donde había un café o un bar, me tomaba un espreso y un croissant y empezaba a caminar. Por lo general oía música en mi iPod o escuchaba programas de ciencia que tenía grabados. Lo veía como una forma de aprovechar el tiempo mientras andaba. En ese segundo día llegué a Pamplona a la hora de la comida y me encontré con una ciudad vacía, con todos los comercios cerrados por ser Semana Santa. Me paré en el Parque de la Ciudadela para comer algo y al volver a caminar sentí un dolor muy intenso en el Tendón de Aquiles de mi pie derecho. Ese dolor, y las ampollas en el otro pie continuaron molestándome durante el resto del trayecto y se volvieron un problema grave. Ahora reconozco que los tenis de Trekking que llevaba no eran la mejor opción para ese recorrido y terminé enviándolos por correo a México algunos días después. El resto de la travesía lo hice con mis tenis de correr.
Típico pueblo de Navarra
Señalando el camino

Mi mochila, con la vieira
Típica vista en el camino
Monumento al peregrino
Pasando Pamplona el camino se convirtió en un subir y bajar por la meseta que cubre esa zona de Navarra. Era de llamar la atención que casi todo el campo que potencialmente podía ser cultivado estaba sembrado y no se desaprovechaba ni una hectárea. Constantemente alcanzaba a ver en el horizonte enormes turbinas de viento de más de 100 metros de altura, como reguiletes gigantes. Algunas horas más tarde ya los había dejado atrás. Pasé las siguientes noches en Cizur Menor, Ayegui y Viana, caminando rodeado de varias personas por las mañanas y andando solo por las tardes. Por lo general llegaba a los albergues entre las siete y ocho de la tarde con tiempo justo para bañarme, lavar la ropa, cenar algo rápido e irme a acostar antes de que apagaran las luces a las diez de la noche. Una mañana todavía en Navarra pasé junto a las bodegas Irache donde conocí la famosa la “Fuente de Vino”. En un muro de la Bodega hay un grifo de donde sale vino tinto y los peregrinos son bienvenidos a llenar sus botellas sin ningún costo.
Turbinas de viento

Iglesia Templaria
Fuente de Vino en Bodegas Irache

Me es difícil explicar cómo es posible que caminar decenas de kilómetros al día durante ocho o diez horas, sabiendo que al día siguiente me esperará exactamente lo mismo, sea una de las mejores experiencias de mi vida. Pienso que hay algo reconfortante y terapéutico en andar durante tanto tiempo, con un objetivo claro cada día y sabiendo que cada paso me acerca un poco más a mi meta. El medio se convierte en el fin, el camino se vuelve el destino.

Al llegar a Viana había recorrido 169.7 kilómetros y dado 251,745 pasos pero mis pies se encontraban en muy mal estado entre las ampollas y la tendinitis. Si quería terminar el Camino, pero sobre todo disfrutar la aventura, tendría que ser proactivo tomar una decisión de inmediato.


Viana

domingo, 1 de junio de 2014

Camino de Santiago (Primera parte)


Comencé a viajar solo cuando tenía 14 años. Durante las siguientes dos décadas he tenido el privilegio de viajar a los lugares más remotos del planeta y de vivir aventuras y experiencias que pocas personas han tenido la oportunidad de sentir. Pero puedo decir sin dudarlo que el haber recorrido el Camino de Santiago hace unas semanas es una de las más enriquecedoras de todas.

"Camino de Santiago" es el nombre que se le da a varias rutas de peregrinos en Europa que convergen en Santiago de Compostela, en Galicia, al noroeste de España. Existe un Camino Portugués, que va desde Lisboa y otros que inician del oeste de España, pero el más recorrido es el Camino Francés. Es el que yo decidí andar. El motivo de que la peregrinación termine en esa ciudad es que la tradición católica considera que los restos del apóstol Santiago (en inglés St. James y en francés St. Jean, pero todos vienen del hebreo San Ya'akov) fueron llevados a la Península Ibérica tras su muerte y depositados en Santiago de Compostela. Esta peregrinación se realiza desde la Edad Media, con la creencia de que se obtendrían indulgencias al completar el camino. El punto de inicio del Camino Francés no está bien definido. Hay unos pocos valientes que lo hacen desde Paris, otros desde Burdeos y algunos desde St. Jean Pied de Port (más de 800 km por recorrer) en los Pirineos. La mayoría de las personas que recorre el Camino Francés lo hace desde Roncesvalles, en Navarra, pero la tradición señala que para que se tengan los méritos y se considere una peregrinación se deben recorrer por lo menos 100km a pie o a caballo o 200km en bicicleta. En la Edad Media el Camino implicaba muchos riesgos de asaltos y de sufrir enfermedades y los Reyes Católicos se dedicaron a construir un sistema de hospitales para recibir a los viajeros durante su peregrinación. Ahora, hay un sistema de hostales municipales, parroquiales y privados que reciben a los peregrinos por algunos Euros y los más de 800km del Camino Francés están divididos en 34 etapas en las que se camina al día 24km en promedio. Sumándole algunos días de descanso, el tiempo que normalmente se lleva recorrer el Camino Francés es de unas 6 semanas. Los peregrinos inician su camino cualquier día del año pero por razones obvias hay mucha más gente recorriéndolo durante el verano.

Amanecer sobre el Océano Atlántico
En 2004 mis papás recorrieron el Camino de Santiago en bicicleta iniciando en Roncesvalles y desde entonces me nació el deseo de poderlo recorrer algún día a pie. Lo atractivo para mi no era la parte religiosa-espiritual, ya que no sigo esa religión ni ninguna otra. Era más bien el caminar durante semanas y disfrutando de paisajes maravillosos. Digamos que lo veía como una forma de terapia, una manera de regresar a lo más básico: caminar. Por varios motivos, fueron pasando los años y este viaje se quedó guardado en el cajón de los proyectos por realizar. Pero nunca lo olvidé por completo y por eso leí varios libros con relatos de personas que lo recorrieron. Hace dos años compré mi guía con toda la información de cada etapa del Camino Francés (la recomiendo ampliamente http://amzn.com/1844096246). Fue hasta finales de marzo de este año que por fin me decidí a poner una fecha de salida e inicié con los últimos preparativos. Compré mi boleto de avión, el de tren e hice una sola reservación para un albergue en el punto de inicio porque el espacio suele ser limitado. Hice una lista de las cosas que consideraba que me  eran esenciales ya que todo lo tendría que cargar durante los cientos de kilómetros dentro de mi mochila. Con mucha emoción y aún más incertidumbre me subí al avión en el que dejaba México con rumbo a Paris. Llegué al aeropuerto Charles de Gaulle muy temprano el 15 de Abril y tras una breve espera de menos de dos horas tomé un tren rápido desde ese mismo aeropuerto con destino a Burdeos. Ahí cambié de tren para dirigirme a Bayonne, que queda muy cerca de Biarritz. Bajando del tren me di cuenta que la gente que esperaba en la estación no eran los típicos turistas. Eran peregrinos con mochilas y bastones, gente de todas las edades listos para iniciar la aventura-peregrinación (después pude ver que la mayoría de la gente recorriendo el camino de Santiago eran personas de 20 a 35 años y de 55 en adelante). Debido a fuertes lluvias de días anteriores las vías de tren hacia St. Jean Pied de Port estaban cubiertas por aludes y tuve que hacer la última parte del trayecto en autobús. En menos de 24 horas recorrí 9,000km en avión, 800km en tren y 50km en autobús. Un buen inicio.
Aeropuerto Charles de Gaulle, Paris
Aeropuerto Charles de Gaulle, Paris
Estación de trenes en el aeropuerto Charles de Gaulle, Paris

El tren a Burdeos
Estación de tren en Burdeos
Marca de la ruta en St. Jean Pied de Port
St. Jean Pied de Port es un pequeño pueblo medieval en los Pirineos. Su nombre en español literalmente quiere decir san Juan al pie del paso, refiriéndose al paso entre las montañas. Caminé desde la parada de autobús hasta el Albergue en el que había reservado mi lugar para pasar la noche y dejé mi mochila. Ya era tarde y me dirigí a la oficina de peregrinos. En una larga mesa habían cinco voluntarios, "amigos" del Camino de Santiago, que recibían a los peregrinos. Al llegar mi turno, me dirigieron con uno de los voluntarios que me pidió que llenara un breve formato con mi nombre, ciudadanía y motivo por el que recorrería el camino. De las tres opciones, religioso, cultural o deportivo, marqué las dos últimas. La señora sacó una Credencial, una larga hoja doblada como acordeón que me identificaría como peregrino y me daría acceso a los albergues en la ruta. En ella iría acumulando sellos de los lugares donde pasara y en Santiago la mostraría como prueba de mi recorrido para obtener la Compostela o certificado. Llenó mis datos en la credencial y me puso mi primer sello, escribiendo a mano la fecha y su firma. También me pidió un donativo de 2. Junto con la credencial me entregó una vieira (concha) que sirve para identificar a los peregrinos y que posteriormente coloqué en mi mochila. Estas vieiras abundan en Galicia y antiguamente las personas que llegaban hasta Santiago de Compostela se las llevaban de regreso como símbolo de su peregrinación. La imagen de la vieira se ha convertido en el símbolo del camino y es usada para marcar la ruta. Finalmente, la voluntaria me dijo que el camino por los Pirineos llega a ser peligroso por las nevadas y lluvia, y por las tormentas en primavera que han hecho que muchos peregrinos mueran antes de cumplir la primera etapa. Pero también me dijo que tenía mucha suerte ya que en los siguientes días no se esperaba nada de precipitación y cielo estaría completamente despejado. Sin duda un gran inicio. Le agradecí su ayuda y antes de salir de la oficina me dijo las dos palabras que llegaría a escuchar y a decir decenas de veces cada día: ¡Buen Camino!
Calle principal de St. Jean Pied de Port
Mapa de la parte inicial del Camino Francés
Atardecer en St. Jean Pied de Port

Cené algo muy ligero y empecé a sentir el cansancio acumulado del viaje desde México. Cuando regresé al albergue, las otras nueve camas de la habitación ya estaban ocupadas y me dormí en cuanto mi cabeza tocó la almohada. A la mañana siguiente me despertó el ruido de las otras personas preparándose para partir. Eran las seis y media de la madrugada. Guardé mis cosas en la mochila y bajé al pequeño comedor del albergue donde nos ofrecieron café y pan. Salí a la calle cuando el sol aún no había salido por el horizonte pero el cielo estaba aclarando. Se sentía frío, tal vez unos 6 u 8 grados aunque una buena temperatura para caminar. Era 16 de Abril y comenzaba el Camino de Santiago. 
16 de Abril, 7:00am

lunes, 7 de abril de 2014

Cuatro meses después, un nuevo proyecto: el Camino de Santiago.

A mediados de Noviembre del año pasado partí hacia Nepal con mi bicicleta para realizar un recorrido desde la frontera con China y hasta la frontera con India. Estaba en un proceso de recuperación física después de los fuertes problemas de salud que tuve durante el intento de circunnavegación, tratando de recuperar mi confianza. Pero también intentaba cumplir una promesa que me había hecho meses antes cuando escalaba en los Himalaya: si lograba el doble ascenso al Everest, iría a visitar el lugar de nacimiento del Buda Shakiamuni en Lumbini, Nepal.

Carreteras de Nepal
Comencé el recorrido en Kodari, justo en la frontera con China y rodé hasta Katmandú. Luego continué hacia el Oeste donde encontré un pueblo mágico en las montañas llamado Bandipur. En Pokhara pasé unos días realizando vuelos en parapente y me dirigí hacia el sur hasta llegar a Lumbini. Me dio gran satisfacción visitar por fin este conjunto de templos budistas de todo el mundo, que rodean un pequeño lago con una isla al centro y donde está el templo de Nanda Devi que marca el punto exacto que la tradición reconoce como el lugar de nacimiento del Buda. Cumplí mi promesa.


La bici con la que hice el recorrido en Nepal
Regresé a México con mi confianza renovada y durante casi cuatro meses me preparé para el Ironman Los Cabos el 30 de Marzo de este año. Es un triatlón que consiste en nadar 3.8 km, recorrer 180km en bicicleta, y correr 42km. Todo en el mismo día. Participé en esta prueba también en 2013 y, aunque al terminar en aquella ocasión me dije que nunca más lo volvería a hacer, me inscribí de nuevo y comencé a entrenar. Mi rutina se volvió de 3-4 horas de entrenamiento diario entre semana (además de mi trabajo, por supuesto), con entrenamientos mucho más largos en los fines de semana. El Ironman se volvió un estilo de vida.

Ironman Los Cabos
Los días previos al Ironman Los Cabos sentí el nerviosismo normal de antes de estos eventos, pero también me sentía con mucha más confianza que el año anterior. El 30 de Marzo comenzó la prueba con un arranque masivo en la playa Palmilla a las 7:00am, con cerca de 1,100 atletas participando. Logré nadar en 8 minutos menos que el año anterior. El recorrido en bicicleta fue de tres vueltas de 60km sobre la Carretera Transpeninsular entre San José del Cabo y Cabo San Lucas. Mucho sol, mucho calor, bastantes subidas, pero afortunadamente poco viento. Aquí bajé otros 6 minutos. Finalmente, la parte de correr fue de tres vueltas de 14km a lo largo de San José. El apoyo de los voluntarios y de la gente que salió a animarnos hizo toda la diferencia. Terminé después del atardecer y crucé la meta 25 minutos más rápido que el año pasado. Al cruzar la meta, escuché que en los altavoces dijeron: “David Liaño, ¡eres un Ironman!”. Hacen esto con todos los competidores, desde el primer lugar hasta el último que cruza la meta. 

Meta

La siguiente aventura la tengo pendiente desde hace ya muchos años e iniciará en poco tiempo: recorrer a pie el Camino de Santiago en España. Este es el nombre genérico de varias rutas de peregrinos que inician en diferentes países de Europa pero terminan en Santiago de Compostela, en Galicia. Yo estaré siguiendo el Camino Francés que comienza en St. Jean Pied de Port en Francia y que mide aproximadamente 800km (de ser posible, me gustaría continuar caminando hasta Finisterre). Es común que la gente se tome cinco o seis semanas en completar este recorrido pero yo tengo planeado hacerlo en poco menos de dos semanas, caminando en promedio 50km por día. Sobra decir que no lo haré por motivos religiosos (no sigo ninguna religión). La gente que hace esta travesía por lo general trata de darle un toque místico y espiritual. Esa parte no me interesa. Simplemente lo hago por vivir una experiencia personal y por el placer de caminar cientos de kilómetros. No necesito otra razón.